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Wearecat: La moda universal

In Uncategorized on October 13, 2009 at 12:00 pm

Por Cristina E. Wilhelm

wearecat

La dupla de diseñadores conformada por Carlos Elías Cabrices y Humberto Perozo fueron seleccionados para presentar su firma Wearecat en el showroom de la Pasarela del Ego Cibeles. Aquí nos hablan sobre ese logro y sobre su nueva colección.

LA ESENCIA

C.W: ¿De dónde provino la idea de unirse para crear Wearecat? ¿Qué vinculación los encaminó hacia un destino creativo común?

W.C: Wearecat nace luego de un proceso de experimentación acerca de lo que es crear moda e imponer estilos. Comenzamos en enero de 2008 jugando a reconstruir un guardarropa olvidado entre retazos de prendas vintage, juguetes en desuso, sacos empolvados, millones de ideas y una máquina de coser heredada. En ese entonces cinco amigos nos unimos para investigar y experimentar, de allí sale nuestro primer proyecto referido a moda, llamado Boy.life. Esa experiencia duró poco, pero nos dio a conocer a nivel nacional como propuesta de moda alternativa. Eso nos hizo sentir que realmente teníamos una visión que llamaba la atención. En julio de 2008 los integrantes de Boy.life tomamos rumbos distintos, mientras nosotros dos comenzamos ese mismo mes a centrarnos en crear moda desde cero, ya sin vintage, aprendiendo las correctas maneras de coser, cortar y elaborar prendas que fuesen únicas y que tuviesen intención. En agosto de 2008 nació Wearecat.

C.W: En varias oportunidades han hablado sobre los caprichos del nombre Wearecat: la unión de sus nombres, su afinidad con los gatos… pero ¿acaso lo felino tiene alguna influencia en su propuesta estética?

W.C: Inicialmente no, pero poco a poco los felinos se han convertido en parte importante de nuestras vidas. En esta nueva colección se han convertido en un elemento fundamental de nuestro concepto generador.

C.W: Sin duda, ustedes forman parte de un movimiento estético independiente que estalló en Maracaibo desde hace unos dos años. Pero, a estas alturas del camino, ¿consideran que siguen siendo una firma indie? ¿Le temen al mainstream?

W.C: Ahorita no le tememos a nada, estamos entregados a la idea de que la moda es nuestro proyecto de vida, sí somos indie, pero tenemos planes de expansión a futuro, sentimos que somos los “escogidos” para demostrarle a este país que tienen un concepto errado de lo que es la moda. Queremos demostrar a todos que la moda es una industria capaz de aportar importantes divisas a una nación, y que en tiempos de crisis ayuda a refrescar las mentes y a alivianar las penas. Es el juego entre lo estético y lo funcional, es la expresión más tangible de lo que es el diseño, y diseño es una palabra muy fuerte.

C.W: Indiscutiblemente Wearecat presenta una propuesta urbana. Pero, ¿la ciudad de la que hablan sus prendas es Maracaibo?

W.C: Directamente no, nuestras prendas hablan de un ciudadano del mundo. No nos limitamos a una región, queremos que la gente deje de sectorizarse y que comencemos todos a globalizar los pensamientos desde nuestras experiencias.

C.W: Como dupla de diseñadores, ¿disfrutan compartir el proceso creativo o acaso el espíritu felino los conduce ocasionalmente al conflicto?

W.C: Obviamente cuando pasas tanto tiempo con una persona llegan a haber desacuerdos, mucho más dentro de un ambiente laboral creativo, pero sabemos que cualquier pelea es insignificante ante nuestra misión, así que tratamos de hacer que las diferencias se solventen para seguir derechos hacia nuestra principal meta, la creación.

C.W: ¿Tienen gatos?

W.C: Tenemos tres gatos; siempre hemos tenido tres gatos. El primer trío los conseguimos en la calle, eran tres adorables  señoritos llamados Karl, Coco, y Miú-miú -obviamente por Karl Lagerfeld, Coco Chanel y Miuccia Prada. Luego Coco y Miú-Miú, tristemente desaparecieron. Luego conseguimos gracias a unos amigos, dos gatitas preciosas enrazadas entre gatos callejeros y gato siamés, ellas se llaman Flaquita y Temerosa.

LA SUSTANCIA

C.W: Todo creador se expone automáticamente a ser etiquetado. ¿Cuáles consideran ustedes que son las etiquetas de Wearecat? ¿Se sienten cómodos con ellas o creen quizás que son simplemente visiones reduccionistas de su trabajo?

W.C: Nos molesta un poco cuando nos llaman Diseñadores Emergentes, aunque fuimos nosotros quienes organizamos el Primer Bazar de diseño Emergente en Maracaibo y aunque hayamos sido los primeros en utilizar el término. Ese encasillamiento nos molesta, preferimos ser llamados Diseñadores Independientes, porque trabajamos por nuestros propios medios, al fin y al cabo lo que somos es diseñadores.

C.W: La moda es en esencia algo efímero, pasajero… ¿Qué posición tienen como creadores ante este hecho inevitable? ¿Cuál es su estrategia para lograr lo perdurable?

W.C: Nuestra estrategia es estar siempre informados por los medios correctos acerca de lo que está sucediendo en el mundo en cuestiones de moda. Es un hecho que la moda la imponemos los jóvenes. Creemos en la efervescencia juvenil como leitmotiv, y la música es parte de esto. Nuestro gancho es que estamos sincronizados con el pensamiento global de esta generación y la gente siente amor por esto. Si seguimos en sincronía con las distintas generaciones, y seguimos investigando y haciendo trabajo de introspección, sabemos que seguiremos teniendo esa chispa, esa malicia que a la gente le atrae; es como mezclar todo esto con sentido común, con buen gusto y con locura.

C.W: Existe una marcada diferenciación entre sus líneas de ropa. Una es más casual y otra se relaciona más bien con la estética del haute couture. ¿A qué responde esta diferencia?

W.C: A los tiempos. Hay momentos cuando sentimos muy de cerca la necesidad de la ropa de fiesta, ropa divertida pero de vestir; no creemos ser haute couture, somos la propuesta diferente que quieren ponerse las quinceañeras, o que quieren usar para un cocktail. Somos capaces de hacer un vestido de novia, siempre siendo atípicos. Realmente, lo más importante es que la quien nos use se sienta cómoda consigo misma, se acepte, se ame, y ame a los demás, porque sin esto no se disfruta ni el vestido más caro, ni el vestido más Wearecat. Nuestro otro lado, es como la propuesta universitaria, es la ropa para divertirse y para cambiarle la cara al día a día.

C.W: Por el hecho de ser una marca independiente, las piezas de Wearecat se han caracterizado por ese toque artesanal que se desprende de todo lo que no fue producido en serie. Pero a la hora de crear piezas más pretensiosas, no representa esto un problema? ¿Consideran que la evolución de la marca ha sido paralela con la evolución de sus habilidades para lograr acabados impecables?

W.C: Cada día vamos aprendiendo más detalles de cómo ejecutar de manera profesional cada prenda. Cuando tenemos la necesidad de realizar ropa de noche, ropa de vestir, buscamos a nuestro equipo especializado en confeccionar de la manera correcta cada producto. Cuando hay algo que sabemos que no podemos realizar tenemos a la gente que nos ayuda. Trabajamos con modistas, con un taller de producción con la que hacemos prendas básicas (camisetas), y un taller de sastrería con la que hemos ido trabajando desde hace más de un año (Sr. Luis y sus Muchachos), además de tener una aliada fiel, nuestra tía Nora, quien de verdad nos ha enseñado a coser.

C.W: ¿De dónde provino la idea de pintar a mano sus piezas? ¿Alguna influencia en particular?

W.C: Somos artistas, y como artistas sentimos la necesidad de llenar de pintura el clóset del común denominador social. Es mucho más enriquecedor hacer una prenda cuyo estampado no haya sido utilizado por ningún otro creador. Hemos investigado formas de teñir o hacer expresionismo en telas, para lograr dar color a un textil básico. Estamos influenciados por el arte desde todas sus ópticas y la moda es un arte. Somos fieles seguidores de esta teoría. Esto hace que encontremos más idóneo trabajar más para lograr un efecto específico, y llegar a realizar prendas únicas, con un sello que nos haga destacar en las vitrinas. Quizás no seamos los primeros en hacer esto, pero somos de los que nos atrevemos a vivir las ideas y hacerlas tangibles para los demás.

C.W: Wearecat ha jugado con iconos de la cultura pop como Mickey Mouse o la editora de Vogue, Anna Wintour. ¿Por qué precisamente esos personajes? ¿Qué significado tienen en su diccionario? ¿A cuáles otras figuras les gustaría convertir en gatos?

C.W: Queremos divertirnos una vez al mes y jugar con las figuras que nos han marcado desde pequeños. Mickey Mouse es la eterna estampa del niño, y somos los niños que queremos hacer leyenda. Anna Wintour es la persona más influyente en el mundo de la moda, y venerarla en forma de gato es nuestra manera de mostrar el nuevo pensamiento pop de los seguidores de la moda en el mundo. Para septiembre estamos invitando a un ilustrador venezolano, nuestro amigo Reynaldo Vásquez (www.hmto.net) para que convierta en gato a musas, (Twiggy, Verushka, Edie Sedgwick), y así seguir mostrando el pensamiento pop-moda-vintage contemporáneo.

C.W: En algunas entrevistas han manifestado su devoción por la ropa vintage. ¿Cuál es el secreto para llegar a las prendas correctas? ¿Cómo es posible encontrar una camisa YSL en un mercado de corotos? ¿A qué lugares podemos ir?

W.C: Nuestro gran secreto es tener el ojo y despertarnos el día correcto para sentir que es un día de hallazgos. Hay que ser arriesgado y buscar donde el ojo no ve normalmente. Los domingos en Cotorrera (Maracaibo) son geniales, son la forma más práctica de conseguir buenas prendas. También hay uno que otro mercadillo en el centro de la ciudad donde de vez en cuando se pueden conseguir buenas prendas usadas. Solo hay que saber buscar, los closets de las abuelas, los tíos, los amigos de la familia que ven que uno le gusta esos trapos viejos siempre son de gran ayuda para llegar al look indicado.

LA NOVEDAD

C.W: Háblennos de la creación de su camiseta aniversario, la Cut-Cat…

W.C: Finales de agosto es una época de celebración para Wearecat, y en este mes nos avocamos a hacer sentir a la gente creadores de su propia imagen. Por eso lanzamos una edición de camisetas con marcas de patrones indicativos para cortarlas y customizarlas, y que cada quién haga de la prenda básica por excelencia su idea de corte perfecto, bajo premisas Wearecat que no deben ser obligatoriamente seguidas.

C.W: ¿Cómo lograron la transición de “jóvenes promesas del diseño de modas local” a “diseñadores revelación en la quincuagésima edición del Cibeles Madrid Fashion Week?

W.C: Trabajando sin parar. Un día nuestra amiga y directora de arte Gaby Vílchez, cansada de vernos frustrados por la falta de una buena pasarela en la cual participar a nivel nacional, nos propuso enviar nuestra propuesta a plataformas de moda a nivel internacional. En mayo, enviamos nuestra propuesta a la pasarela del Ego de Cibeles y recibimos una negativa, pero luego hacia el mes de julio, nos llegó un correo preguntándonos si podríamos estar en Madrid el 17 de Septiembre. Nos emocionamos mucho. A finales de julio nos confirmaron que habíamos quedado seleccionados para participar en el Showroom del Ego de Cibeles. De allí en adelante hemos trabajado más y más.

C.W: ¿Cómo definirían la propuesta de su colección Galáctica 2009/2010? ¿Esa anunciada expedición a otra galaxia significa que Wearecat se despedirá de su localidad? ¿Qué creen que representará para sus carreras el haber sido parte de un evento de esta magnitud?

W.C: El concepto generador de Galáctica es una reacción ante el tema del futuro, una pregunta: ¿Cuál sería la nostalgia más recurrente en el futuro? Pensamos en que sería la alta elevación del cerebro en puro, las culturas primitivas, el momento en el cual el ser humano sufre una primera evolución. Esta colección es una visión sintetizada del ser primitivo y puro, hay una convergencia entre el universo, los seres celestiales y el animal felino. Eso en cuanto a concepto generador. En cuanto estilismo nos estamos moviendo hacia un look bastante fresco, noventoso, estamos trabajando mucho el denim, estamos diseñando estampados y utilizando la impresión textil en prendas que les harán sentir fuera del mundo, esta colección es totalmente ready to wear.

Por otro lado Wearecat no se despide aun de su localidad; necesitamos establecernos más. Cibeles es una gran puerta para que el diseño venezolano se exponga ante el mundo, esperamos con esta participación en el showroom mostrarnos en un futuro no muy lejano en la pasarela. Queremos hacerle saber a Venezuela que tenemos un pensamiento y que creemos en la moda con convicción, que sí hay futuro, que ya tenemos que comenzar a combatir al tercermundismo de nuestras cabezas, y pensar en función de una Venezuela más desarrollada. Todavía no es nuestro año para ser una fuga de talentos más.

© Versión extendida del original publicado en la edición 48 de la revista Tendencia (2009).

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Historia de Domingo

In Uncategorized on October 8, 2009 at 3:17 pm

Por Cristina E. Wilhelm

Fotografia: Osvaldo Ponton. www.menamoredelespacio.tumblr.com

Fotografia: Osvaldo Ponton. http://www.menamoredelespacio.tumblr.com

Para Osvaldo.

Inventaré una historia de domingo para ti:

Hubo un domingo que se rebeló.
Se cansó de ser el último día de la semana
Se cansó de que la gente se pusiera melancólica en su nombre
Se cansó de que lo tomaran como excusa para quedarse en cama
Se cansó de que ese día pasaran los programas más aburridos en la tele
Se cansó de los almuerzos de comida recalentada
Se cansó de las calles vacías y las puertas cerradas
Se cansó de los amantes somnolientos de piernas trenzadas
Y se disfrazó de viernes…

Entonces la gente empezó a salir a las calles
A tomar cocteles sobrevalorados en copas glamorosas
A hacer el amor con desconocidos,
A ordenar comida japonesa y comerla descalzos

También la música cambió.
Ese día nadie escucharía Death Cab for Cutie ni Bon Iver
Solo Murder on the Dance Floor y Aretha Franklin.

Pero justo cuando la noche del domingo disfrazado llegaba a su fin
el mundo cayó en cuenta:
Todo era una fraude.
¿Por qué si hoy es viernes mañana debo trabajar?
¿Por qué a este viernes lo sigue un lunes?
Este día ladrón me robó el fin de semana.

Y el domingo se sintió mal.
Entendió que la gente lo necesitaba tal como era
Se sintió triste por todas las canciones de domingo escritas
Prendió su iPod y se dejó sumergir en nostalgia
Escuchando Sunday Morning de The Velvet Underground.
Él podía hacer lo que quisiera.
Total, es domingo.

Reflexiones arbitrarias sobre la cultura hipster

In Uncategorized on October 8, 2009 at 3:08 pm

Por Cristina E. Wilhelm

hipster

La sociedad es adicta a las etiquetas, sobre todo cuando de seres incomprendidos, bohemios y/o melómanos se trata: los han llamado beatniks, hippies, posmos, shoegazers, grunchies, entre muchas otras clasificaciones. En la actualidad los términos de rigor son emos, indies o simplemente hipsters. Que a nadie lo tomen por sorpresa.

Nietzsche sabía de lo que hablaba cuando expuso la idea del Eterno Retorno, esa concepción no lineal del tiempo que nos convence de que el mundo carece de una meta. Simplemente da vueltas en círculos que originan una repetición invariable, donde el ciclo se cierra cuando los valores del pasado se transmutan para dar paso a los valores del presente. Sólo esa teoría podría explicar cómo la subcultura hipster de los cuarenta devino en la contemporánea.

En los cuarenta el término hipster era usado al hablar de los aficionados al jazz y el estilo de vida que crearon alrededor del género musical. Por lo general eran caucásicos con aspiraciones negroides, con disposición a experimentar con las drogas y la sexualidad, y con estilo dandy al vestir. Frank Tirro definió el término diciendo que “el hipster es un hombre subterráneo. Él es para la Segunda Guerra Mundial lo que el dadaísta fue para la primera parte. Él es amoral, anarquista, cortés y sobre-civilizado al punto de la decadencia. Siempre diez pasos adelante en el juego por su conciencia, un ejemplo de lo cual podría ser conocer a una chica y rechazarla, porque sabe que saldrán en citas, se tomarán de las manos, se besarán, fornicarán y quizá se casarán o divorciarán. Así que ¿para qué iniciar todo? Él conoce la hipocresía de la burocracia, el odio implícito en la religión, entonces ¿qué es lo que valora?, como no sea para pasar la vida evitando dolor, tener a raya sus emociones y ser genial. Él anda buscando algo que trascienda toda esta sandez y lo encuentra en el jazz”.

Aunque la subcultura hipster contemporánea guarda paralelismos con la de los cuarenta, la brecha generacional y las nuevas tendencias musicales han trazado diferencias esenciales. En vez de estar ligado al jazz, hoy se asocia con el rock independiente y todo lo que el estilo de música conlleva. Los hipster de hoy rechazan las etiquetas de cualquier naturaleza: marcas de ropa, grandes disqueras o estudios de cine que fabrican blockbusters en serie. La premisa es alejarse de lo que seduce al rebaño –lo mainstream– en una búsqueda insaciable de individualidad y nuevas estéticas. Nada nuevo en realidad, simplemente un ciclo que regresa al punto de origen, revestido de los colores de los “dosmiles”. La paradoja es que el deseo de huir de las etiquetas simplemente les estampó una nueva etiqueta: la de indie o hipster. Un desenlace clásico en la historia de las contraculturas.

Los hipster por lo general pertenecen a la clase media acomodada, ya que cierto nivel intelectual y económico superior al promedio es necesario. Lo que exacerba sus instintos consumistas es la ropa vintage de mercados de segunda mano o la ropa hand-made comprada en mecadillos de diseñadores “emergentes”. Hábitos adicionales como el vegetarianismo, la conducta eco-friendly o la lectura de izquierda son accesorios tan necesarios como cualquier objeto con el “I (heart) NY” impreso. Pero qué curioso resulta que veneren a la manzana más venenosa del capitalismo y rechacen al mismo tiempo las corporaciones multinacionales.

A pesar de que tiene su encanto, pareciera que los hipster se han vuelto fanáticos de los quince minutos de fama del producto que necesitan devorar antes que pase de moda. Con esto sólo contradicen la identidad hipster, que se regodea en el rechazo por las masas sedientas de consumismo y Louis Vuitton. Su discurso es un desafío profeso a lo burgués pero su conducta es tan excluyente como la de la burguesía. Y en el fondo no es más que una anti-moda tornada en moda. Sólo así se explica la conducta de las jóvenes que dejan el aislamiento de sus iPods –llenos de bandas que sólo conocen quinientos usuarios de MySpace en el mundo–, para asistir en manadas a los mercadillos de diseño a comprarse tocados extravagantes (que en realidad son sólo copias de los que vieron hace tres Vogues atrás). O más aún, la del grupo de “diseñadores” que imita descaradamente accesorios de H&M para venderlos a través de la Web 2.0 para comprarse luego las fabulosas Converse diseñadas por John Varvatos que promociona la revista Nylon del mes o los snickers del blog de Kanye West.

La paradoja es que, pese a ser contradictoria, la subcultura hipster es seductora, sobre todo para los más jóvenes. Es el imperio de “lo cool” –aunque el término apropiado en este caso sería “lo deck”. El libro de Robert Lanham, The Hipster Handbook (2003), ofrece estrategias clave a través de una lectura muy entretenida para entender mejor a lo que me refiero.

Así está el mundo de los jóvenes en sus veintes e incluso treintas; esta es la tendencia predominante desde el 2008. Han construido una moda globalizada, nutrida de elementos de décadas anteriores unidos a manera de collage. Las ideologías son individuales y lo que está “de moda” automáticamente está “out”. Tiene la misma importancia el que el presidente haya destituido al gobernador, los nuevos lanzamientos de Matador Records o si el calzado de moda es glow in the dark.

Señales de que eres hipster

•    Prefieres cualquier religión antes que el Cristianismo
•    Tu accesorio de rigor son unos Rayban Wayfarer
•    Tu nivel de grasa corporal no supera el dos por ciento
•    Sabes qué son los keffiyehs, pero no te interesa Palestina
•    Le dices kitsch a lo mainstream
•    Nadie lo sabe, pero la mitad de tu closet la compraste en Urban Outfitters o American Apparel con la tarjeta de crédito de tus padres
•    Tu corte de pelo está inspirado en el del cantante de Tokyo Police Club y luce genial cuando está sucio
•    Eres un “hater” (odias al mundo)
•    Quieres estudiar Arte en BCN (Barcelona) o Diseño de Modas en BA (Buenos Aires)
•    Eres gay o gay-friendly
•    No toleras la existencia de Lady Gaga
•    Te desahogas diariamente en tu Blog y pretendes que no te importa el número de visitas diarias
•    Idolatras a Andy Warhol y/o a Edie Sedgewick
•    Niegas ser hipster

El blog de Sumito Estévez

In Uncategorized on October 8, 2009 at 3:05 pm

Por Cristina E. Wilhelm

sumito

Cuando yo era una quinceañera que se debatía entre escuchar el nuevo Cd de Nirvana o el de New Kids on the Block guardaba un diario debajo de mi cama. Lo escondía con recelo y lo apartaba obsesivamente de ojos curiosos por saber qué podía contener ese pequeño cuaderno, cerrado por un frágil candadito de plástico que no ofrecía muchas garantías de confidencialidad.

Ese tonto pudor de guardarse los cuentos para uno mismo está completamente fuera de lugar en un tiempo en el que quien no tiene un blog no está en nada. El blog es un deleite voyeurista, una licencia on line para meterse en la vida ajena (otorgada por su propio protagonista), pensamientos con sabor a sobremesa que se publican de cuando en cuando y sólo si la agenda lo permite. Con sólo una dirección electrónica comienza el diálogo unilateral, el manifiesto personal, el diario abierto sin candaditos de plástico, lenguajes encriptados, ni cajitas herrumbradas escondidas en rincones.

Estaba en lo profundo de esas cavilaciones, mientras comía el último trozo de un chocolate blanco El Rey que devoré completito (qué horror), cuando inexplicablemente se me antojó preguntarme: ¿cuántos años tendrá Sumito Estévez? Fue así como encontré su blog http://www.sumitoestevez.blogspot.com.

Aunque parece de treintipiquito me sorprendí al enterarme de que tiene cuarenta y uno, y de que no se enrolla por publicar su edad en Internet. Ahora sé que es del signo libra y que generalmente actualiza su blog tempranito en la mañana; no hay que ser brillante para deducir que es un hombre muy disciplinado. Me quedo prendada del primer artículo que leo, Cocina de Calle, donde reflexiona sobre cómo los venezolanos somos capaces de echarnos un viaje ida y vuelta de seis horas con la única excusa de probar el cochino frito de aquella posada merideña donde lo preparan tan bien. Mi curiosidad se vuelve urticaria y busco el remedio dentro de la máquina del tiempo. Viajo hasta febrero de 2005, fecha cuando publica por primera vez su bitácora desde un cyber café, mientras atravesaba el penoso trance de tener su computadora en terapia intensiva (esa caprichosa Mac que se las dio de sibarita y se echó una copa de vino encima, dejando a Sumito desconsolado).

Y sigo escudriñando la vida del chef de la “tele”. Sus cartas, sus traumas electrónicos, sus amigos, sus logros, sus espectaculares bombones, su crecimiento como conferencista, su labor como educador, su hija y su gata sin nombre, y de repente me siento comiendo en la mesa con él, en la sala de su casa, oyendo los cuentos de “el día que abrimos Sibaris” y de su último viaje. Hay que tener valor de sobra en el cuerpo para compartir tan generosamente la propia vida con millones de cybernautas anónimos, que quieren darse el gustazo de enterarse del último cuento de Sumito, contado de la misma forma en que se lo contaría a su mejor amigo. Y me maravillo una vez más por la existencia de la Internet.

Estuve en el V Salón Internacional de Gastronomía, ese paraíso de olores, sabores que reúne en pleno a los personajes más distinguidos de la realeza gourmet con su séquito sibarita, y allí estaba Sumito. De carne y hueso, siempre sonriente, más bajito de lo que imaginaba y rodeado de gente que, seguramente, también lee su blog. En el sitio me invade un pensamiento fugaz sobre cómo los medios ponen a los mortales como yo en una situación tan bizarra, haciéndote sentir familiaridad y hasta camaradería, con alguien que ves por primera vez en tu vida. Me acerco un poco para saludarlo, quizás le pida una entrevista. Pero el resto de la gente es más alta y aparentemente ayuda bastante tener una filipina encima para llamar su atención. Desisto y me siento a disfrutar su conferencia sobre cómo vivir mejor y no morir en el intento. No importa, será para la próxima.

© Publicado originalmente en la edición 34 de la revista Tendencia

El Gabo y sus putas tristes

In Uncategorized on October 8, 2009 at 2:51 pm

Por Cristina E. Wilhelm

portadas-de-memorias

García Márquez me cautivó con sus comienzos… A pesar de que mi memoria me traiciona antes de tiempo, una de las pocas cosas que puedo citar sin titubear es ese primer párrafo solemne de Cien Años de Soledad, que con pocas palabras construye un pueblo y un personaje. Al igual que en muchas otras de sus obras, pareciera que este colombiano escribe con su pluma, directamente sobre el alma: “Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo. Macondo era entonces una aldea de veinte casas de barro y cañabrava construidas a la orilla de un río de aguas diáfanas que se precipitaban por un lecho de piedras pulidas, blancas y enormes como huevos prehistóricos. El mundo era tan reciente, que muchas cosas carecían de nombre, y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo”.

Por eso, cuando tengo en mis manos un ejemplar de su última novela, Memoria de mis putas tristes, no puedo evitar la excitación que me produce la ansiedad de conocer las palabras que eligió para empezar su primera narrativa de ficción desde hace más de diez años… lo leo y me cautiva otra vez: “El año de mis noventa años quise regalarme una noche de amor loco con una adolescente virgen. Me acordé de Rosa Cabarcas, la dueña de una casa clandestina que solía avisar a sus buenos clientes cuando tenía una novedad disponible. Nunca sucumbí a ésa ni a ninguna de sus muchas tentaciones obscenas, pero ella no creía en la pureza de mis principios. También la moral es un asunto de tiempo, decía, con una sonrisa maligna, ya lo verás“.

Como un buen vino, la narrativa de García Márquez mejora con el tiempo, pues nos trae una novela corta y simple, sin recovecos literarios ni fanfarronerías de nobel escritor. Como si la premura de los años vividos y de las canas que le recuerdan que ya no tiene veinte años, lo obligaran a aprovechar el tiempo y a rendir esas últimas palabras.

A mi manera de verlo, es una evocación con reminiscencias de obras anteriores, pero ciertamente una agradable lectura para una tarde de domingo. Me recordó la Crónica de una muerte anunciada por su diáfana brevedad; al igual que ése, estas memorias son un manjar que se devora en un sólo bocado. El autor retoma ciertos temas recurrentes en su obra literaria: el sinsabor del amor frustrado por la vejez de El amor en los tiempos de cólera, la soledad patológica del coronel  Aureliano Buendía, la miseria del viejo, que espera la muerte vendiendo su vida a pedazos para pagarse pequeños placeres, de El general no tiene quien le escriba

Una novela con olor a viejo, a talco atrapado en los pliegues de la piel ajada… Pero con un final inesperadamente esperanzador que nunca le había conocido a este escritor y que quizás tenga que ver con la cantidad de copias piratas que se vendieron por la mitad del valor en las calles de Bogotá una semana antes de que se estrenara la obra, y que lo obligó a cambiar el final – confieso que mi curiosidad de fanática no quedará saciada hasta conseguir un ejemplar con esa primera versión ultrajada-.

Como una especie de usurpación a Nabokov, aderezada con un realismo mágico decadente, Memoria de mis putas tristes nos cuenta la historia de un viejo putañero -514 putas en treinta años- que se enamora por primera vez  – a los noventa años -, de una niña virgen que le hacer recordar los años vividos.

En fin, la obra más reciente de este escritor memorable -digo más reciente para no decir la última, pues entro en pequeños ataques de pánico con sólo pensar que un día no va estar más allí. Algunos recordarán esa carta de despedida apócrifa que circuló en Internet cuando se hizo pública la noticia de que al Gabo le diagnosticaron cáncer linfático-. ¿Qué más les puedo decir? Es Gabriel García Márquez. Hay que leerla.

© Publicado originalmente en la edición 21 de la revista Tendencia Maracaibo

Comunicación orgánica

In Uncategorized on October 8, 2009 at 2:44 pm

Por Cristina E. Wilhelm

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Parece increíble, pero hace sólo dos décadas los seres humanos andaban por el mundo libres de teléfonos celulares, ordenadores portátiles, GPS o Palm Pilots. Las telecomunicaciones han hecho posible el diálogo entre personas de hemisferios opuestos, rompiendo barreras como el idioma, los usos horarios y hasta los contextos comunicacionales en el tiempo y el espacio; una chica que viaja en el metro de Tokio para llegar a su trabajo en la mañana chatea desde su Blackberry con un islandés que comprueba en la computadora de su habitación que son las once de la noche del día anterior. Y nadie se sorprende pues este fenómeno –que los estudiosos de las Ciencias de la Comunicación denominaron “paradigma holográfico”– es sencillamente lo cotidiano. El hombre de hoy erigió una nueva Torre de Babel fundamentada en los pilares de las tres W del World Wide Web. ¿Pero acaso este cyber zigurat está condenado a desplomarse, tal y como le sucedió al del Génesis? Esa pregunta fue precisamente la que dio origen a una nueva ciencia nacida en la década de los ochenta llamada Ecología de la Comunicación.

Hoy existen miles de recursos comunicacionales y la cantidad de información se ha duplicado una y otra vez, como células en subdivisión. Pero la excesiva tecnificación ha modificado la forma como nos comunicamos. Los niños, que antes jugaban al telefonito uniendo dos vasos de plástico con una cuerda, hoy se comunican con mensajes de textos encriptados en lo que parece ser el futuro del lenguaje, donde el símbolo predomina sobre la palabra. Este desarrollo ha reducido la comunicación primaria, de cara a cara, amenazando la ecología de las relaciones humanas. La tecnificación nos está conduciendo al “no-contacto” y al minimalismo comunicacional.

Ese minimalismo implica una interacción estandarizada. Las sonrisas y muecas de asombro están siendo reemplazadas por “emoticons”. Nuestro discurso se convierte en mensajes dejados en una contestadora poco contestataria, que extingue la posibilidad y el placer del diálogo. Correos electrónicos, teléfonos VoiP y gifs animados privan de sensorialidad a la información y la comunicación. Nuestra vista, nuestro olfato, nuestro oído y principalmente nuestro tacto están siendo sistemáticamente privados de estímulos humanos, y hoy se conforman con símbolos, letras y números que sólo proyectan sólo un vago reflejo de la esencia de una auténtica comunicación, desde la frialdad de la ventanilla del Messenger.

Sin darse cuenta, el hombre de hoy se está conduciendo a sí mismo al aislamiento. Cada vez son más frecuentes las historias de parejas que se conocieron por Internet y las citas de juegos de los más pequeños son en la frialdad del ciberespacio a través de videojuegos en red. La identidad se desdibuja, se pierde el valor de un gesto y las reacciones espontáneas se diluyen, al no tener espectadores, frente a la pantalla de un monitor en la soledad de una habitación.

Los seres humanos nos estamos acostumbrando a hablar desde la ausencia, al monólogo, a la soledad. De allí la necesidad de una ciencia como la Ecología de la Comunicación, que busca prever las consecuencias no sólo materiales, sino principalmente espirituales de la tecnificación. El hombre de hoy no expresa al mundo lo que siente, sino lo que los caracteres del mensaje de texto le permiten expresar.

Hoy la información está cada vez más mediatizada, esto quiere decir, que los medios masivos se interponen cada vez más entre el emisor y el receptor del mensaje, privando al discurso de inmediatez. Pareciera que el exceso de comunicación nos llevara a la incomunicación, tal y como una jaula de monos donde todos gritamos sin entendernos y sin recibir respuestas satisfactorias.

Sin ánimos de desestimar las ventajas que han traído las nuevas tecnologías, lo importante es disfrutar del progreso sin olvidar lo que es realmente esencial. Nada puede compararse con el placer de sentarse con un amigo a tomar café durante horas, sin tener que teclear tus pensamientos. Así como nos preocupamos por cuidar el medio ambiente y proteger a los animales, no debemos descuidar la ecología de la relación más satisfactoria que tenemos: la humana, ya que ningún símbolo creado en lenguaje binario puede transmitir lo que sentimos al recibir un beso o al contemplar una sonrisa.

© Publicado originalmente en la edición 40 de la revista Tendencia Maracaibo

Cory Kennedy: Diario de una trashionista

In Uncategorized on October 8, 2009 at 2:40 pm

Por Cristina E. Wilhelm

cory

Cory Kennedy-Levin era una chica común y corriente que de la noche a la mañana pasó a convertirse en una celebridad. ¿Su mérito? Ninguno en realidad. Simplemente un golpe de suerte, combinado con un novio fotógrafo y una cuenta en MySpace. Hoy, es imagen de la campaña de los productos Sebastian, fue coeditora del número de mayo de la revista Pilfered y es considerada la nueva Eddie Sedgwick.

La fama es una sensación intoxicante. Para muchos es una adicción. Pero no para Cory Kennedy. Ella simplemente es Cory Kennedy. Pero ¿qué es Cory Kennedy para el mundo? Pareciera que una necesidad tan apremiante como Paris Hilton. ¿Por qué será que el ser humano se deja seducir tan fácilmente? ¿Qué es eso que diferencia a ciertas personas del rebaño, convirtiéndolas en seres interesantes, envidiables, deseables, dignos de imitar? ¿Cuál es el ingrediente secreto que convierte a “the girl next door” en “the it-girl”?

Ciertamente no es sólo el dinero. Cory Kennedy no lo tenía. Tampoco un programa de televisión, ni una niñez robada por Disney Channel. ¿Será que la respuesta es tan sencilla como: un rostro fotogénico? ¿Sensualidad disfrazada de candidez? ¿Un look bien trashy, adornado con moretones en las rodillas? La respuesta no la sabemos, pero lo cierto es con poco esfuerzo, Cory Kennedy se convirtió en la portada de la edición de octubre del 2007 de la revista Nylon, donde fue bautizada como “the Internet it-girl”.

La historia comenzó cuando Cory conoció al fotógrafo de sociales Mark Hunter, mejor conocido como The Cobra Snake, quien retrataba celebridades en las fiestas más exclusivas de Los Ángeles. Fue en el verano de 2005 durante un concierto de Blood Brothers; él le tomó varias fotos para su website e intercambiaron teléfonos. Al año siguiente, Cory se convirtió en pasante de la oficina de Hunter y eventualmente se hicieron novios, a pesar de que él era mucho mayor que ella –sólo tenía dieciséis años.

The Cobra Snake comenzó a llevar a Cory a las fiestas donde asistía. Él ya tenía bastante popularidad, debido a que sus fotografías eran consideradas artísticas y únicas, por ser totalmente espontáneas y sin retoques en Photoshop. Cuando Cory Kennedy entró en la escena fue para The Cobra Snake lo que Eddie Sedgwick fue alguna vez para Andy Warhol. El estilo abrumador y desenfadado de esta joven, unido a su roce social nato, hicieron que celebridades como Paris Hilton, Lindsay Lohan o Kelly Osbourne la trataran como a iguales. La leyenda estaba escrita.

Mark Hunter detectó que cada vez que Cory salía en el blog aumentaba el número de visitas. Así que en diciembre de 2005 publicó una entrada con el título JFK Cory Kennedy, con fotografías de quien pronto se convertiría en la e-celebrity del momento. La gente comenzó a especular sobre si era pariente de la familia Kennedy, y poco después el popular blog de moda Fashionlogie le dedicó una entrada a quien llamó “la chica heroin chic”. Y ése fue el paso previo para llegar a Nylon, donde le hicieron una sesión de fotos para un artículo sobre MySpace. Luego vinieron reportajes de otras publicaciones como The New York Times y LA Weekly, que provocaron que su número de amigos en MySpace empezara a crecer descontroladamente.

Como parte de una broma, el redactor de Nylon hizo un video de Cory comiendo comida hindú, mientras escuchaba en su iPod una canción de Good Charlotte. El video se convirtió en uno de los más populares de la web, a pesar de que lo único que ella hizo durante casi cuatro minutos fue mover la cabeza y echarle pimienta a su plato. Los dueños de las mejores discotecas comenzaron a pagarle para que se dejara ver en ellas, a pesar de que ni siquiera tenía la edad legal para beber… el fenómeno mediático era indetenible. Lo curioso es que los padres de Cory no estaban al tanto de lo que sucedía con su pequeña nena. Sabían, sí, que salía en páginas de Internet, pero no entendieron realmente la magnitud de los acontecimientos hasta que tuvieron la revista Nylon en sus manos.

Hoy, Cory Kennedy es considerada una blogger de culto. Su perfil de MySpace tiene más de veintitrés mil “amigos”. Su blog personal http://www.itscorykennedy.com recibe miles de visitas diariamente y más allá de las fiestas salvajes, hoy tiene una carrera como modelo. En este punto las preguntas surgen nuevamente: ¿Qué buscan quienes la siguen día tras día? ¿Es realmente el rol a imitar una chica que transita el mundo sin una gota de maquillaje, de fiesta en fiesta, fumando cigarrillos eternos y luciendo como accesorio imprescindible un coctel? ¿Es realmente ésa la vida que los jóvenes de hoy desean vivir? ¿Será esta chica realmente quien dice ser o será otro producto más, fabricado meticulosamente por las grandes corporaciones para hacernos comprar más revistas de moda? Nuevamente la ausencia de respuestas es irrelevante. Sin embargo, es un bálsamo la creencia de que en un mundo lleno de falsedades confeccionadas en Photoshop, todavía hay quien se atreva a enfrentar la vida con el pelo tan desaliñado. Y más aún, que miles de personas sigan a una chica cualquiera, para saciar su sed de belleza real.

Siempre han existido y siempre existirán personajes que, con méritos o sin ellos, nos causen fascinación. Sólo que antes eran socialités y hoy son trend-setters, cool-hunters o “Internet it-girls… La vida es una y cada quien decide si la vive o si contempla a otros mientras viven la suya. Por desgracia, quedarse de brazos cruzados criticando o ceder al voyeurismo también es un derecho.

© Publicado originalmente en la edición 47 de la revista Tendencia Maracaibo (2009)

Nike ID: Sneakers con identidad

In Uncategorized on October 8, 2009 at 2:34 pm

Por Cristina E. Wilhelm

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Sucede a diario. Un hombre, mujer o niño, ante a una pared llena de zapatos, tratando de encontrar el ideal para correr un kilómetro más en la maratón, perder esos kilos de más en el gimnasio o lograr el revés perfecto en el campeonato de tenis. Pero la verdad es que no existe el zapato perfecto. Para tenerlo debemos crearlo con nuestras propias manos, y eso sólo es posible con un sitio como el de Nike ID.

El humanista alemán Eric Fromm escribió que los seres humanos no estamos conscientes de nuestra necesidad de conformismo. Él define la individualidad como una ilusión, ya que nuestras ideas no son propias, sino el producto de un sistema que las inventó por nosotros. Según Fromm en el mundo de hoy la diferencia se limita a los detalles: “llevar las iniciales en la cartera, afiliarse al partido Demócrata en lugar del Republicano o seguir a los Elks en vez de los Shriners. El lema publicitario ‘es distinto’ demuestra esa patética necesidad de diferencia, cuando, en realidad, casi no existe ninguna”.

Es cierto. Comemos, hablamos, caminamos y nos vestimos según los mandamientos del verdadero dios de nuestro tiempo: la televisión, esa deidad que determina lo que es cool –léase la “cooltura”– y lo que debe desterrarse. Con lo que no estoy de acuerdo es que la necesidad de sentirnos diferentes sea patética. Simplemente es nuestra única alternativa, pues volvernos ermitaños y mudarnos a la selva amazónica para vivir de la caza y la pesca está fuera de consideración. Para convencerme, me basta con recordar la cara de felicidad de mi amigo Sami al mostrarme sus nuevos zapatos de goma diseñados por él mismo a través de la página de Nike ID, y llevados a la puerta de su casa desde China en sólo cuatro semanas. Con detalle, me contó cómo eligió el color de cada mínima parte, desde el forro interno hasta la suela. ¡Incluso tenían su nombre bordado!

Al llegar a casa, constaté que en el sitio de Nike ID no sólo pueden diseñarse zapatos de goma, sino también bolsos, camisas y accesorios para hombres, mujeres y niños. Fascinante. Y pensé entonces, ¿cómo algo tan banal puede llenar, aún fugazmente, a alguien tan místico como mi amigo, quien incluso vive su vida de acuerdo con principios cabalísticos? Entonces entendí que precisamente de eso se trata. De reírnos de nosotros mismos como sociedad y permitirnos disfrutar de los beneficios de vivir en mundo globalizado. Deleitarnos en hacer un click en la pantalla de nuestra computadora occidental y hacer que un obrero asiático, que está a miles de kilómetros de distancia y a quien seguramente nunca conoceremos, se dedique a hacer unos zapatos justo como los soñamos en este lado del globo.

Eso fue precisamente lo que hizo Phil Knight –considerado padre del marketing deportivo y fundador de Nike Inc– cuando decidió crear su propia compañía, hoy convertida en un imperio deportivo. Su logotipo le costó treinta y cinco dólares, es conocido como el “Swoosh” y es sin lugar a dudas uno de los símbolos más reconocibles de estos tiempos. Estuvo inspirado en la diosa griega Niké –la Victoria de los romanos–, quien era capaz de correr y volar a gran velocidad. El Swoosh es la asbtracción de una de sus alas. Hoy poco se sabe de Niké, pero mucho de esta marca que exhorta a la victoria, al coraje, a la osadía, a través de mensajes publicitarios que rayan en la genialidad.

Nike convenció al mundo de que el triunfo puede depender de un zapato, tal y como lo ilustró el director Cameron Crowe en su película Elizabethtown, inspirada en la historia del magnate deportivo, interpretado por Alec Baldwin: “Un zapato no es simplemente un zapato, es lo que nos conecta con la Tierra. El zapato ideal puede transportarnos, hacernos creer que somos capaces de mucho más. Pero deben hacerse sacrificios para alcanzar la meta de la pura grandeza”.

El famoso zapatero Manolo Blanhik creó un modelo especial para Sarah Jessica Parker y astros deportivos como Michael Jordan, David Beckham o Ronaldinho tienen uno confeccionado a la medida de sus necesidades. ¿Por qué no atrevernos a tener uno propio? No hay nada peor que encontrar el final de la vida y darnos cuenta de que fallamos en el peor esfuerzo: el que nunca hicimos. No importa si es una idea original o una estrategia más del sistema para hacernos comprar zapatos… Como diría cualquier publicidad de Nike: “Just do it”.

© Publicado originalmente en la revista Tendencia Maracaibo

Román Chalbaud: Polémico de tablas y celuloide

In Uncategorized on October 8, 2009 at 2:25 pm

Por Cristina E. Wilhelm

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La ternura que emana de este realizador, actor y dramaturgo venezolano entra en flagrante contradicción con la gran polémica que generan sus obras. Tras la mirada serena de este merideño, se esconde la pasión de un guerrero, cuya arma ha sido el celuloide. A través de sus largometrajes, Román Chalbaud ha plasmado la realidad de un país que, pese a vivir inmerso en miseria moral y corrupción, todavía es capaz de generar personajes sensibles e imaginativos, que se consagran como los héroes anónimos de nuestra historia.

La vocación de Román Chalbaud fue precoz; surgió en esa época cuando ni siquiera existía la televisión: “Recuerdo que cuando tenía siete años fui a ver la película Tiempos Modernos, de Charlie Chaplin. Supe que eso era lo que yo quería hacer. Me la pasaba escribiendo cuentos y poemas, por eso siempre me quebraban en los exámenes de física”. Román se inició en las humildes tablas del Liceo Fermín Toro y luego se matriculó en el Teatro Experimental, bajo la dirección del maestro Alberto Paz y Mateos. Sin embargo, nos cuenta que su auténtico inicio fue en el cine: “En los años cincuenta yo trabajaba como office boy en la Creole Corporation. Ganaba ochocientos bolívares. Pero en ese entonces vino a Venezuela un director mexicano llamado Víctor Urruchía para rodar dos películas: Seis meses de vida, protagonizada por Amador Bendayán, y Luz en el Páramo. Me ofrecieron contratarme como asistente del director por doscientos noventa y cinco bolívares y yo por supuesto acepté. Mi mamá puso el grito en el cielo. Para ese entonces era impensable creer que alguien podía estudiar cine en Venezuela”.

Pero Román Chalbaud demostró que la realidad era otra, pues triunfó no sólo en el cine, sino también en el teatro y la televisión. Hoy tiene a cuestas grandes éxitos como los largometrajes El Pez que Fuma, La Oveja Negra, Pandemónium y el más reciente, El Caracazo, la producción más ambiciosa de su carrera, que con más de cinco mil extras, ciento treinta actores e impresionantes efectos especiales, documenta los trágicos sucesos del 27 de febrero de 1989. En un país divido, este maestro del séptimo arte, logró conquistar en pleno a la audiencia e incluso obtuvo el premio Glauber Rocha, otorgado por la prensa extranjera: “Si nos entregamos a la guerra vamos a vivir entre batallas. La lucha debe construirse con ideas, votos y, ¿por qué no?, con películas también”.

Fuerza Bruta: El teatro va por dentro

In Uncategorized on October 8, 2009 at 2:21 pm

Por Cristina E. Wilhelm

FUERZABRUTA

El teatro está cambiando, porque es un reflejo del hombre y el hombre está cambiando. Aunque Esquilo o Shakespeare nunca perderán actualidad por el carácter universal de sus historias, las nuevas tendencias demuestran que hoy este arte no requiere de trama; ni siquiera de personajes o butacas para los espectadores. Para existir, simplemente necesita un performance tan primitivo que ignore al intelecto y apunte directamente a los sentidos. Así es Fuerza Bruta.

En criptografía, se denomina “ataque de fuerza bruta” a “la forma de recuperar una clave probando todas las combinaciones posibles hasta encontrar aquella que permite el acceso”. Y en tiempos como los que vivimos pareciera que esa es la única forma de dar con algo nuevo, lo suficientemente intenso como para penetrar en las más profundas emociones del ser: intentándolo todo. Es probable que así funcione la mente de Diqui James, el director y creador de una particular pieza teatral llamada Fuerza Bruta, que anda por el mundo dejando a su audiencia boquiabierta, perpleja y hasta un poco mojada.

Este tipo de montajes teatrales se viene fortaleciendo desde la aparición de grupos neoyorquinos como Stomp que, cual pandilla callejera, saltó a las tablas para hacer música y bailes con contenedores de basura. Ellos araron el camino para el nacimiento de De La Guarda, la primera compañía del director. Pero tras conquistar el éxito internacional con su reparto volador, el siguiente paso no podía darlo en falso… de allí el nacimiento de este ataque brutal llamado Fuerza Bruta –así mismo: en español, como su sangre argentina lo exigió.

El espectáculo es una sucesión de eventos imposibles de predecir. Es un golpe visual, emocional, que va despertando cada sentido con sacudidas deliciosamente inclementes, haciendo que los espectadores regresen al origen, a ese tiempo que somos incapaces de recordar, donde no era necesario el lenguaje ni las explicaciones: “Fuerza Bruta es hoy. No es teatro del futuro. No se repite a sí misma una y otra vez. Fuerza Bruta es el ahora. No inventa nada. No tiene un propósito. Simplemente es”.

La obra es todo y nada. No hay una trama, no hay una historia de amor, simplemente un ser enajenado, que corre frenético sin que nadie se entere de qué o de quién huye. Sólo huye. Y se tropieza. Y le cae la lluvia, y atraviesa paredes, y la gente le hace romper la línea recta de su caminar. Y cuando los pies le impiden seguir corriendo vuela hacia la nada, hacia puertas que no conducen a ningún lugar, siempre en contra del viento…

Es delicioso ver la convenciones hechas pedazos y en Fuerza Bruta sucede desde la antesala al teatro. Allí te espera un lounge que te hará sentir parte de una ilustración de Jordi Labanda. Puro buen gusto y muchos de esos cocteles esnobistas que nos seducen, con sus copas de martini y sus vivaces colores de caja de Crayola. Y de súbito se abren las puertas de una sala vacía, poco hospitalaria al no brindar una silla, o siquiera la luz suficiente para entender las dimensiones del espacio. Y entonces empieza la magia…

La segunda gran sorpresa es la novedad. No hay un discurso, ni diálogos, ni escenografía. Sólo bits que conjugan a los actores, y despiertan en los pies de la pseudo-audiencia las ganas de bailar: “Queremos quebrar el sometimiento intelectual del lenguaje. Usar todos los medios disponibles para operar eficazmente sobre la sensibilidad del espectador. Traerlo a territorios donde existen leyes más poderosas. Un espacio donde la presión de los sentidos afecte la mente. Donde la velocidad de los estímulos que reciba supere a la reacción intelectual. Que la emoción llegue antes, siempre antes. Que pegue en el cuerpo, debajo de la ropa. Atrás de los ojos. Adentro. Un espacio donde el espectador se entregue, sabiendo que forma parte un hecho artístico, que está dentro de una realidad paralela, etérea, bella, delirante y absolutamente más verdadera que la cotidiana. Donde el espectador sabe que está siendo conducido a estrellarse contra su propia sensibilidad; una sensibilidad colectiva, universal. Sin traducción. Sin anestesia. Brutalmente feliz”.

Luego llega la tercera y mayor sorpresa: tú eres parte de lo que está sucediendo. Y no en un sentido metafórico. Tú bailas con la escenografía, te mueves a su ritmo y con tu mente llegas a volar: “El espacio se modifica durante toda la obra. Es fundamental que nada sea previsible. No le vamos a avisar. La sorpresa no es un efecto, es un estado constante y necesario para la efectividad de Fuerza Bruta. El espectador está dentro de una realidad extraordinaria. No está emocionalmente a salvo en ningún momento. El público no participa, forma parte. Herido. Festejando”.

Esta experiencia multisensorial literalmente alcanza la cúspide en el techo del recinto, cuando se inicia el performance acuático en una plataforma traslúcida justo sobre tu cabeza, que se acerca a tal punto que casi puedes tocar al reparto con tus manos. Y en el momento final sucede lo más inesperado: el complot se devela y caes en cuenta de que todo el tiempo has estado en una especie de fiesta rave, donde el estupefaciente fue el boleto de entrada. Y el agua cae del cielo, y te moja la piel que se siente más viva que nunca… Y las supuestas tablas del teatro –que nunca fueron tablas, sino más bien vehículos que conducían la acción– desaparecen por completo, convenciéndote finalmente de que eres un actor más, bailando al lado de quienes te robaron la mirada la última hora y media, brincando al ritmo de la música del Dj que permaneció oculto, y que al final reveló su identidad para acabar con el teatro.

Una obra brutal, viva, que puede literalmente arrancarte la mitad del corazón –incluso uno cubierto por cristales de Swarovski como el que casi pierdo esa noche–… la buena nueva es que siempre puedes recuperarlo, porque Fuerza Bruta es la tierra de lo posible. Existe… aunque sea solamente dentro de esa dimensión paralela creada por Diqui James, durante una hora y media sublime que vale la pena permitirse vivir.