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Antes y después de Sex and the City

In Uncategorized on October 8, 2009 at 2:03 pm

Por Cristina E. Wilhelm

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Dudo que existan muchas sensaciones tan frustrantes como el vergonzoso vacío que queda cuando tu serie de televisión preferida llega a su final. Es un sentimiento tímido, que debe ocultarse e ignorarse, a fin de cuentas, esos personajes con los que estuviste involucrado por años no son reales. Cada vez que reíste o lloraste con ellos, todo era simplemente el producto de una ilusión cuidadosamente fabricada por un estudio de televisión; un complot audiovisual fraguado para convencerte de que todo lo que mostraba la pantalla de tu televisor estaba sucediendo, y que tú eras un silente voyeurista que una vez a la semana contemplaba el devenir de las complejas vidas de esos personajes. En el caso de la serie Sex and the city, las actuaciones de Sarah Jessica Parker, Kristin Davis, Cynthia Nixon y Kim Cattrall hicieron aún más verosímil esa divina comedia.

Lo cierto es que llegas a tu casa luego de una jornada de trabajo de perros y, cuando enciendes la tele esperando ver un nuevo y picante episodio de Sex and the city, te encuentras con que los han reemplazado con un programa nuevo con personajes que desconoces, y tienes que conformarte con repeticiones de episodios tan viejos como reliquias y, por si fuera poco, doblados al español.

Estoy segura de que no soy la única persona en el mundo que en más de una ocasión dijo una mentirita blanca para escabullirse de una aburrida reunión y llegar a casa justo a tiempo para acompañar a Carrie, el personaje protagónico, a esa cita inolvidable con el innombrable Big. Porque puedes perderte un capítulo de Seinfeld, de That 70´s Show y definitivamente del culebrón de las nueve, pero jamás uno de Sex and the city.

¿Qué tiene esa serie? ¿Por qué enloqueció a cientos de espectadores –sobre todo espectadoras– en el mundo? ¿Cómo se las arregló para colarse tan descaradamente en las pantallas de Latinoamérica, donde en pleno siglo XXI la sexualidad sigue siendo un tema que difícilmente se toca fuera de la alcoba? ¿Cómo pudo romper tal paradigma un simple programa de televisión? Dentro de esta última interrogante está la clave: Sex and the city no es tv; es HBO.

HBO cambió la forma de ver televisión. Al ser una señal paga, los productores de esta cadena tuvieron la libertad de concebir series con guiones totalmente libres de censura y Sex and the City fue precisamente la primera producción que disfrutó de esa indulgencia. A través de los cuatro personajes principales, Carrie, Samantha, Miranda y Charlotte, se creó una historia que durante seis temporadas exploró los recovecos más oscuros de la sexualidad, con humor y honestidad y desde una perspectiva femenina.

Sus diálogos empapados de elocuente genialidad cautivaron a los televidentes que durante seis años siguieron esta serie, ideal para sazonar la vida debajo de las sábanas. El secreto de la serie fue precisamente que los guiones, a pesar de que estuvieron inspirados en la novela de la celebérrima soltera –no por ello, solterona–Candence Bushnell, fueron escritos a partir de experiencias reales de todos los productores de la serie. Por eso es tan auténtica.  Aunque no lo crean, realmente existió una mujer a quien le terminaron con una breve notita escrita en un Post-it.

Lamentablemente la serie terminó, pero estoy segura que su legado trascenderá porque que su existencia generó todo un estilo de vida: puso de moda los martinis y cosmopolitan, nos hizo enamorarnos de Nueva York y conocer sus bares más “trendy”, impuso la moda y la alta costura como religión, dibujó las ventajas de tener un mejor amigo gay y revalorizó a las mujeres en sus treintas.

Aparte del gran legado que dio a la historia de la televisión, cada personaje de Sex and the City dejó un mensaje muy claro para la mujer moderna. De Samantha aprendimos que lo más divertido de la sexualidad es experimentarlo todo, que no hay edades para disfrutar del sexo y que definitivamente, no todas las mujeres nacieron para la maternidad y el matrimonio. De Miranda aprendimos que una mujer puede comprar el apartamento de sus sueños sin la ayuda de un hombre, pero que es realmente bueno tener uno dulce que te haga  sonreír al volver a casa. De Charlotte aprendimos que la persistencia vale oro, que los valores nunca pasarán de moda y que la base de cualquier relación es la honestidad. Y de Carrie… bueno, a parte de haber dejado un estudio antropológico detallado sobre comportamiento del soltero neoyorquino, que es extensible a prácticamente todos los hombres del planeta, este fabuloso personaje nos enseñó que la amistad puede ser un pilar fundamental de la vida, que no es tan malo como parece tropezar tres veces con la misma piedra, que hay que beber hasta la última gota de la vida pues es una sola, y definitivamente, que es mejor ver el mundo desde unas espectaculares sandalias de Manolo Blahnik con un cosmopolitan en la mano, en compañía de tus amigas que siempre estarán allí para apoyarte cuando otro despiadado te rompa el corazón.

© Publicado originalmente en la edición 27 de la revista Tendencia Maracaibo (2005).

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