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Reflexiones arbitrarias sobre la cultura hipster

In Uncategorized on October 8, 2009 at 3:08 pm

Por Cristina E. Wilhelm

hipster

La sociedad es adicta a las etiquetas, sobre todo cuando de seres incomprendidos, bohemios y/o melómanos se trata: los han llamado beatniks, hippies, posmos, shoegazers, grunchies, entre muchas otras clasificaciones. En la actualidad los términos de rigor son emos, indies o simplemente hipsters. Que a nadie lo tomen por sorpresa.

Nietzsche sabía de lo que hablaba cuando expuso la idea del Eterno Retorno, esa concepción no lineal del tiempo que nos convence de que el mundo carece de una meta. Simplemente da vueltas en círculos que originan una repetición invariable, donde el ciclo se cierra cuando los valores del pasado se transmutan para dar paso a los valores del presente. Sólo esa teoría podría explicar cómo la subcultura hipster de los cuarenta devino en la contemporánea.

En los cuarenta el término hipster era usado al hablar de los aficionados al jazz y el estilo de vida que crearon alrededor del género musical. Por lo general eran caucásicos con aspiraciones negroides, con disposición a experimentar con las drogas y la sexualidad, y con estilo dandy al vestir. Frank Tirro definió el término diciendo que “el hipster es un hombre subterráneo. Él es para la Segunda Guerra Mundial lo que el dadaísta fue para la primera parte. Él es amoral, anarquista, cortés y sobre-civilizado al punto de la decadencia. Siempre diez pasos adelante en el juego por su conciencia, un ejemplo de lo cual podría ser conocer a una chica y rechazarla, porque sabe que saldrán en citas, se tomarán de las manos, se besarán, fornicarán y quizá se casarán o divorciarán. Así que ¿para qué iniciar todo? Él conoce la hipocresía de la burocracia, el odio implícito en la religión, entonces ¿qué es lo que valora?, como no sea para pasar la vida evitando dolor, tener a raya sus emociones y ser genial. Él anda buscando algo que trascienda toda esta sandez y lo encuentra en el jazz”.

Aunque la subcultura hipster contemporánea guarda paralelismos con la de los cuarenta, la brecha generacional y las nuevas tendencias musicales han trazado diferencias esenciales. En vez de estar ligado al jazz, hoy se asocia con el rock independiente y todo lo que el estilo de música conlleva. Los hipster de hoy rechazan las etiquetas de cualquier naturaleza: marcas de ropa, grandes disqueras o estudios de cine que fabrican blockbusters en serie. La premisa es alejarse de lo que seduce al rebaño –lo mainstream– en una búsqueda insaciable de individualidad y nuevas estéticas. Nada nuevo en realidad, simplemente un ciclo que regresa al punto de origen, revestido de los colores de los “dosmiles”. La paradoja es que el deseo de huir de las etiquetas simplemente les estampó una nueva etiqueta: la de indie o hipster. Un desenlace clásico en la historia de las contraculturas.

Los hipster por lo general pertenecen a la clase media acomodada, ya que cierto nivel intelectual y económico superior al promedio es necesario. Lo que exacerba sus instintos consumistas es la ropa vintage de mercados de segunda mano o la ropa hand-made comprada en mecadillos de diseñadores “emergentes”. Hábitos adicionales como el vegetarianismo, la conducta eco-friendly o la lectura de izquierda son accesorios tan necesarios como cualquier objeto con el “I (heart) NY” impreso. Pero qué curioso resulta que veneren a la manzana más venenosa del capitalismo y rechacen al mismo tiempo las corporaciones multinacionales.

A pesar de que tiene su encanto, pareciera que los hipster se han vuelto fanáticos de los quince minutos de fama del producto que necesitan devorar antes que pase de moda. Con esto sólo contradicen la identidad hipster, que se regodea en el rechazo por las masas sedientas de consumismo y Louis Vuitton. Su discurso es un desafío profeso a lo burgués pero su conducta es tan excluyente como la de la burguesía. Y en el fondo no es más que una anti-moda tornada en moda. Sólo así se explica la conducta de las jóvenes que dejan el aislamiento de sus iPods –llenos de bandas que sólo conocen quinientos usuarios de MySpace en el mundo–, para asistir en manadas a los mercadillos de diseño a comprarse tocados extravagantes (que en realidad son sólo copias de los que vieron hace tres Vogues atrás). O más aún, la del grupo de “diseñadores” que imita descaradamente accesorios de H&M para venderlos a través de la Web 2.0 para comprarse luego las fabulosas Converse diseñadas por John Varvatos que promociona la revista Nylon del mes o los snickers del blog de Kanye West.

La paradoja es que, pese a ser contradictoria, la subcultura hipster es seductora, sobre todo para los más jóvenes. Es el imperio de “lo cool” –aunque el término apropiado en este caso sería “lo deck”. El libro de Robert Lanham, The Hipster Handbook (2003), ofrece estrategias clave a través de una lectura muy entretenida para entender mejor a lo que me refiero.

Así está el mundo de los jóvenes en sus veintes e incluso treintas; esta es la tendencia predominante desde el 2008. Han construido una moda globalizada, nutrida de elementos de décadas anteriores unidos a manera de collage. Las ideologías son individuales y lo que está “de moda” automáticamente está “out”. Tiene la misma importancia el que el presidente haya destituido al gobernador, los nuevos lanzamientos de Matador Records o si el calzado de moda es glow in the dark.

Señales de que eres hipster

•    Prefieres cualquier religión antes que el Cristianismo
•    Tu accesorio de rigor son unos Rayban Wayfarer
•    Tu nivel de grasa corporal no supera el dos por ciento
•    Sabes qué son los keffiyehs, pero no te interesa Palestina
•    Le dices kitsch a lo mainstream
•    Nadie lo sabe, pero la mitad de tu closet la compraste en Urban Outfitters o American Apparel con la tarjeta de crédito de tus padres
•    Tu corte de pelo está inspirado en el del cantante de Tokyo Police Club y luce genial cuando está sucio
•    Eres un “hater” (odias al mundo)
•    Quieres estudiar Arte en BCN (Barcelona) o Diseño de Modas en BA (Buenos Aires)
•    Eres gay o gay-friendly
•    No toleras la existencia de Lady Gaga
•    Te desahogas diariamente en tu Blog y pretendes que no te importa el número de visitas diarias
•    Idolatras a Andy Warhol y/o a Edie Sedgewick
•    Niegas ser hipster

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